Edad Prohibida

Edad Prohibida

Author:Torcuato Luca De Tena
Language: es
Format: mobi
Published: 2009-09-25T22:00:00+00:00


Anastasio la escuchaba embobado.

De pronto, Celia se incorporó, varió de música y se puso a bailar lo mismo que cantaba.

—Anda, acércate. Baila esto conmigo.

Anastasio replicó muy firme.

—No.

—¡Qué bobada! No nos ve nadie. ¿Por qué no quieres?

—Porque es una tontería.

—Ya te he dicho que me gustan las tonterías.

—Pero, Celia, es que ésta, a lo mejor, es pecado.

Celia dejó instantáneamente de bailar. Anastasio no le veía los ojos, pero los imaginó furibundos. Y no se equivocó porque el golpe que dio Celia en el suelo con la silla al sentarse, quería indicar clarísimamente lo enfadada que estaba.

—¡Los hombres sois todos sucios! ¡No tenéis más que basura en la cabeza! —dijo Celia, después de un paréntesis de silencio.

Anastasio estaba desolado. «Soy un majadero —se dijo—. Podrá ser pecado bailar con la pelirroja de Enrique, o con la rubia platino... Pero ¡no con Celia, por Dios, no con Celia! »

—Anda levántate —dijo, compungido— y enséñame a bailar...

—¡Ahora soy yo la que no quiero!

Anastasio guardó silencio. De un tiempo a esta parte se le habían revelado tantos misterios, había descubierto tantas inmundicias, que se había trastornado y no sabía comportarse como se debe con nadie.

—Celia, te lo suplico, no te enfades conmigo...

—Me ha molestado lo que me has dicho. ¿Por quién me has tomado? ¿Crees de verdad que es pecado bailar conmigo?

—Contigo no... Contigo nada puede ser pecado, nunca...

Celia guardó silencio un instante.

—¡Hombre..., eso tampoco...! —dijo al fin, como si protestara.

—No te entiendo, Celia. Bueno... ¡Tampoco me entiendo a mí! ¿Me perdonas?

Celia no replicó.

—Ya sabes que yo no pongo malicia en lo que digo...

—Pues deberías aprender a ser más malicioso, para no decir algunas cosas.

¡Oh, sí, sí! ¡Qué razón tenía Celia! ¡Qué acierto más grande lo que había dicho... ! Era necesario conocer la maldad para huir de ella. Pero la vida era muy complicada. Era un lío.

—¿Me perdonas? —insistió Anastasio.

Celia bajó la voz.

—Soy tan tonta. Perdóname tú a mí.

Y le tendió la mano para hacer las paces.

Anastasio la tomó entre las suyas.

Y la retuvo un momento.

Celia apretó fuertemente.

—¿Amigos?

—¡Amigos! —contestó Anastasio.

Y cada uno por un lado, para no ser vistos por nadie, dejaron su escondite y subieron por distintas escaleras al Paseo de la Concha.



Download



Copyright Disclaimer:
This site does not store any files on its server. We only index and link to content provided by other sites. Please contact the content providers to delete copyright contents if any and email us, we'll remove relevant links or contents immediately.